La Invención del Reino Vegetal

Historias sobre plantas y la inteligencia humana

Índice

Introducción.Dos historias se… ¿cruzan? El mundo vegetal y el mundo humano.

Las plantas existen sobre la tierra desde hace más de 430 millones de años; el linaje de los humanos, desde hace menos de 5 millones de años. Hemos vivido siempre en contacto estrecho con el mundo vegetal, del que depende prácticamente toda forma de vida terrestre (de forma directa o indirecta), y nos hemos relacionado con él en un sinfín de modos distintos: de ellas hemos obtenido alimento, textiles, colores, medicinas; las hemos usado como decoración, como inspiración artística, simbólica; las hemos terminado por cultivar; han satisfecho (o no) deseos de todo tipo; han figurado en las vidas espirituales y religiosas de muchas, por no decir todas, las culturas del mundo; han sido, también, objeto de investigaciones que perseguían conocer su naturaleza íntima. De todas estas relaciones, y más aún, hablaremos en este libro.

I. El Vegetal Usado

1. “Mi reino por un plato de lentejas…”. Los vegetales y la alimentación.

La alimentación es una necesidad básica del ser humano, y los vegetales han sido a menudo integrantes fundamentales en la dieta de muchas culturas. Pero, ¿estamos predeterminados biológicamente para alimentarnos de plantas? ¿Es una opción saludable? Siendo los únicos animales cocineros, ¿cómo impacta ello sobre nuestra dieta “vegetófaga”? Más allá de nuestros requerimientos nutricionales, uno de los criterios principales para alimentarnos es el sabor de la comida, y los vegetales han sido condimentos protagonistas en innumerables ocasiones. Y, sin embargo, no es el único criterio: también entran en juego motivos de identificación cultural con aquello que comemos, que puede funcionar también como marca de clase (ello enlaza con el cap. 23).

2. Casitas de chocolate bambú, y otros cuentos. Los vegetales y la construcción.

El protegernos de las inclemencias del medio es otra necesidad que los vegetales han ayudado admirablemente a cubrir, interviniendo en modos de lo más variopintos: desde hojas de palmera para techos, hasta paja para ladrillos de adobe, pasando por todo tipo de estructuras en bambú. La estrella del show es, sin embargo, la madera. Los motivos que nos han llevado a usarla como material de construcción son tanto pragmáticos (buen aislante, ventaja estructural en zonas sísmicas; disponibilidad en regiones boscosas) como culturales (prestigio, identificación cultural…).

3. Transformando ortigas en vestidos. Las plantas y el mundo de los textiles.

En el simple acto del vestirnos se entrelazan, como (¿casi?) siempre sucede con el ser humano, motivaciones utilitarias junto con otras que lo son bastante menos. ¿Cuándo empezamos a vestirnos, y por qué? Los vegetales están en el origen de las técnicas textiles, desde las más sencillas (nudos) hasta las más complejas (hilado, tejido). En todas ellas descubrimos fantásticas construcciones culturales asociadas a los textiles, actividad prevalentemente femenina que se cuela en mitos y leyendas, metáforas lingüísticas, incluso simbología política. Algunas de las revoluciones más importantes de occidente van de la mano de vegetales textiles como el algodón (Rev. Industrial).

4. El arcoiris en la semilla. Tintes, pigmentos y colores en los vegetales.

Vivimos en color, y queremos colorear la realidad a nuestro alrededor; muchas de las sustancias que hemos utilizado a tal fin son vegetales. Nos han servido para teñir la comida (p. ej. el azafrán), nuestro cuerpo (maquillaje, tatuajes, tintes de pelo, etc.), y por supuesto los vestidos que tejimos en el capítulo anterior.

5. Plantas, Pócimas y Potingues. Los vegetales y la medicina.

Durante milenios, el botiquín de la humanidad ha estado cuajado de vegetales, maestros absolutos de la bioquímica en el mundo natural: la medicina y la farmacia han estado –y están— íntimamente ligadas al mundo de las plantas. No existe una sola forma de entender la medicina sino tantas como culturas han existido, y las razones por las que cada una de ellas usaba tal o cual vegetal para tratar una dolencia pueden ser muy variadas (p. ej. no se escogen igual las plantas en la teoría ayurvédica, o en la India védica…). Otras áreas cercanas a la medicina que echan mano de plantas son la cosmética, la higiene o la nutrición, todas ellas motivadas por el deseo de mejorar/mantener el propio estado de salud (¡o al menos aparentarlo!). También entraremos de puntillas en el debate ético de los derechos de propiedad intelectual sobre recursos vegetales de interés medicinal, aunque de ellos hablamos un poquito más en el cap. 24.

6. Intrusos cotidianos. O, cómo los vegetales están en todas partes.

Los usos que hemos dado a los vegetales no se reducen ni mucho menos a los capítulos anteriores. Así, aunque no hablemos en profundidad de ellos, resulta instructivo echar un vistazo a la multitud de usos que nos dejamos en el tintero, desde barnices para muebles hasta la construcción naval, pasando por escobas, violines y pianos, papel y tinta, o fluidos hidráulicos para aviones. Allá donde se mire, uno se tropieza con plantas escondidas por doquier.

II. El Vegetal Contemplado

7. Las manzanas hermosas ligan más. Breve introducción a la mirada ‘estética’.

¿Qué significa contemplar, percibir ‘estéticamente’ un vegetal? ¿Qué papel tienen los criterios estéticos en nuestra vida? En los capítulos siguientes intentamos arrojar luz sobre tales interrogantes.

8. Gourmets, Monets y frufrús. O, cómo usamos estéticamente los vegetales.

Podríamos pensar que cuando nos comemos una pera, tejemos un vestido de lino, o nos tomamos un jarabe para la tos, estamos echando mano de los vegetales implicados de modo puramente utilitarista, pragmático. Podríamos pensarlo, pero nos equivocaríamos: pues, ¿acaso no nos comemos aquella pera porque nos parece hermosa? ¿Y no preferimos llevar prendas de algodón en lugar de sacos de yute? Las consideraciones estéticas pueden colarse en cada uso que realizamos de los vegetales, y por eso damos un repaso a los capítulos anteriores, enfocándolos desde la óptica estética—que nos encontramos ¡hasta en la medicina!

9. Las múltiples vidas del vegetal bello. El sutil poder de la decoración.

La estética puede jugar un papel más o menos secundario en multitud de usos que damos a las plantas. No obstante, a veces es el motivo por el que les damos un uso material: porque nos parecen bellas. Ensartamos semillas o pedacitos de ámbar a modo de cuentas de collar, nos colgamos cerezas (o pimientos, también) de las orejas, nos prendemos flores del pelo. Confeccionamos ramilletes de narcisos en un jarrón, los disponemos siguiendo los criterios del arreglo floral japonés. Las flores aparecen ensalzadas una y otra vez como los objetos bellos por antonomasia en el mundo vegetal, y sin embargo descubrimos que no se trata de un aprecio universal, sino mediado por la cultura.

10. “Ornaret, canerem, biferique rosaria Paesti”. Maestros perfumistas del mundo vegetal.

La flor bella ha sido, en muchas culturas, aquella cuyo perfume era más dulce: no sólo la vista, sino también el olfato ha sido sentido estético importantísimo en nuestra relación con el mundo vegetal. No sólo las flores han despertado el interés estético de nuestras narices, sino también y sobre todo materias vegetales que hemos quemado (resinas, maderas perfumadas, y demás elementos que llamaremos “inciensos”)—llegando a fundarse sobre ellos incluso ‘artes’, como la ‘senda del incienso’ japonesa. La tecnología del perfume, además, ha cambiado a lo largo de la historia: antes del aislamiento del alcohol en la edad media, podían ser aceites (vegetales, por supuesto) los que absorbían y guardaban celosamente los perfumes con los que reinas y atletas se embadurnarían.

11. Las Musas vegetales. Fructíferas aventuras entre plantas e inspiración artística.

Por muy hermosas que sean los (materiales) vegetales que utilizamos en nuestra vida, en muchas ocasiones no hacemos un uso directo de su belleza, sino que la usamos como trampolín de inspiración para crear, o recrear, sus bondades de otra forma: en pintura, en verso, dedicándole una obra musical, etc. Sin embargo, los motivos que nos hacen escoger un sujeto para nuestra obra de arte no son sólo estéticos, sino también simbólicos, y se entrelaza la belleza y el significado.

12. Cuando los colores están vivos, pintamos jardines. La debatida frontera entre arte y naturaleza.

Las pinturas son arte; por tanto, una pintura de un jardín también lo es. Pero, ¿y el jardín en sí? ¿Son obras de arte las flores ornamentales fruto del trabajo del hombre? Para algunas culturas y determinados momentos históricos, la respuesta es que sí; sin embargo, pocas veces hemos destinado nuestros jardines a una inutilidad bella—y, cuando lo hemos hecho, sólo algunos pocos podrían permitirse tales jardines. Son espacios polisémicos, que se resisten a ser encasillados como arte pura (¿y si plantamos un ciruelo o un cerezo para comernos la fruta cuando madure en verano?). Pues una diferencia fundamental separa los jardines de cualquier otra expresión artística, y es que sus integrantes están vivos. Por ello no es estático, se construye a base de alianzas más o menos precarias con las plantas que lo integran, a través del cultivo.

III. El Vegetal Cultivado

13. Enredándonos con el cultivo. Flirteos con la azada, en perspectiva.

Durante el 90% de nuestra historia como especie, los humanos fuimos cazadores-recolectores; aunque no nos lo parezca, los últimos diez milenios en los que la agricultura ha florecido son pocos, pero han dejado una huella profunda en la tierra, y han desembocado en una alianza prácticamente indisoluble entre la humanidad y los vegetales (domesticados). De todo ello se habla más en profundidad en los capítulos siguientes.

14. Las semillas de la revolución. Cursillo introductorio para educar a trigos y coles.

“Érase una vez una col que fue a la universidad…” En ella, los profesores (nosotros) estábamos emprendiendo una docencia inconsciente, a veces intermitente, que consistía en el cultivar a las plantas alumnas en las aulas. Algunas de ellas se domesticaron. Pero, ¿cómo empezó todo? ¿Cuándo se nos ocurrió montar una ‘universidad’ agrícola, y quienes fueron nuestras primeras alumnas? Hoy en día consideramos que la agricultura es un grande paso adelante, una mejora en nuestro sistema de abastecimiento, pero… ¿lo es realmente, o son nuestros prejuicios de cultura agrícola milenaria los que nos hacen ver las cosas así?

15. Por qué la yuca se graduó en agricultura, y otras (vitales) anécdotas. Genes, azadas y mosquitos.

Las metáforas universitarias son prácticas a nivel narrativo, pero está claro que lo que le pasa realmente a una planta egresada, domesticada, pasa por cambios en su dotación genética. En nuestra aventura agrícola, los vegetales que se han convertido en nuestros compañeros de viaje han evolucionado, siendo seleccionadas para que se amolden a nuestras necesidades: sus frutos pueden ser más grandes y jugosos, menos tóxicos, más abundantes… Sin embargo, no sólo las plantas han visto su ADN modificado, sino que también nosotros hemos acumulado en nuestro interior las huellas de nuestra alianza agrícola…

16. La vuelta al mundo en diez vegetales. Diez milenios de historias de domesticación.

Veamos a continuación algunas de las plantas egresadas, domesticadas, que nos sirven para tratar, con ejemplos concretos, algunos de los temas relevantes en cuestiones de cultivo. La nuez de macadamia, la fresa, el café, el cáñamo, la chumbera, la caña de azúcar, las calabazas, las lentejas, la cebada, y el taro—nuestros diez vegetales estrella, algunos más conocidos y otros menos, nos hablarán de todos los continentes del planeta a lo largo de la historia, desde el Tenochtitlán azteca con sus jardines flotantes hasta los ingenios azucareros caribeños.

17. Cómo educar a la fuerza a un vegetal. Guisantes y relojes radioactivos.

Pero, ¿cómo funciona exactamente la domesticación? Veamos, con un poquito (pero muy poquito) de genética para laicos en el tema, cómo es posible que se produzcan (y se mantengan) cambios en una planta, tanto involuntarios como buscados con tesón. Desde que descubrimos cómo funcionan tales cuestiones, nos hemos aplicado a manipular a conciencia la dotación genética de la planta para conseguir que haga nuestra santa voluntad. ¿El resultado? Los polémicos organismos genéticamente modificados (OGM o transgénicos).

18. Y vivieron ¿felices?, comiendo perdices y arroz con leche y canela… Cosechando consecuencias (im)previsibles.

Ya hemos apuntado antes a la posibilidad de que la agricultura no siempre es un camino de rosas para las culturas que lo emprenden, pero ¿por qué? Desde mayores problemas de salud en algunos casos, hasta la aparición, consolidación y exaltación de las jerarquías sociales (con la aparición, por ejemplo, de clases dedicadas enteramente a la guerra, o de sacrificios humanos como forma de demostrar el poder de la élite gobernante), hay consecuencias que no son tan deseables como uno podría pensar. Otras, en cambio, nos parecen más aceptables, como la aparición de la escritura y los escribas. Lo que está bastante claro es que, cuando una cultura agrícola se torna fuertemente desigual, aparece el fenómeno del lujo, de la calidad vs. cantidad, y tal distinción halla expresión en todos los campos humanos, como vemos en el capítulo 23.

19. ‘Il faut cultiver notre jardin’. Huertos y vergeles para estómagos y espíritus.

Los jardines se cultivan, como los huertos de berzas; sin embargo, no todos pueden permitirse el dedicar tiempo y tierras a sembrar jacintos en lugar de cebada. El nacimiento de los jardines sin finalidades utilitarias se produce en el seno de sociedades del lujo, que producen lo suficiente comida como para poder permitirse tales extravagancias. Las plantas ornamentales que domesticamos, además, están menos condicionadas por factores prácticos que las plantas que después nos comemos, por ejemplo; por ello, en ellas se reflejan mejor las modas y las veleidades del gusto a lo largo de épocas pasadas. Su auge en el último siglo como flor cortada (las rosas de San Valentín, y demás capullos que encontramos en las floristerías), además, lleva implícito un componente que ha permitido tal desarrollo: las mejoras en el transporte, lo que posibilitó la comercialización a grandes distancias de elementos frescos.

IV. El Vegetal Deseado

20. ¿Qué se esconde tras el antojo absurdo? Claves de lectura para descifrar obsesiones vegetales estrambóticas.

Si escarbamos en la historia y pasamos lista a los vegetales que levantaron pasiones en su día, observamos un fenómeno curioso: en muchos casos no conseguimos entender por qué los deseamos con tanto ahínco. ¿Por qué occidente enloqueció por las consabidas especias? ¿Cómo puede ser que pagásemos tamañas barbaridades por bulbos de tulipán? Sin embargo, cuando dejamos de concentrarnos en los vegetales concretos, y posamos la mirada sobre los deseos que con ellos pretendíamos satisfacer, descubrimos que éstos no son tan caprichosos, ni tan distintos, al fin y al cabo, de los que tenemos nosotros hoy en día…

21. Panaceas y elixires al rescate. Deseo de salud, protección, y milagrosa prolongación.

La salud es un anhelo que hemos perseguido hasta superlativizarlo: no nos bastan recetas para el dolor de muelas, sino que buscamos antivenenos milagrosos, o la fórmula que nos otorgará el santo grial de la inmortalidad. Los modos para conseguirlo, y los vegetales a los que acudimos para ello, a veces iban mucho más allá de lo que las pobres plantas podían dar de sí bioquímicamente… pero la humanidad ha ido más allá, hacia la magia, las brujas, los aojamientos que hacen enfermar niños, reses y campos—y hacia las panaceas, que todo lo salvan y todo lo pueden (al menos, según sus incondicionales).

22. Cebollas abre-útero y hierbas ‘calientes’. Amor, sexualidad y fertilidad: una selva de deseos.

¿Quién no quiere ser afortunado en amores? (o en conquistas de alcoba, que no siempre es sinónimo de ‘amor’). Sea como sea, los vegetales han ido al rescate de la libido humana vestidos de pimiento, de azafrán, incluso de cacahuete y zanahoria. Los afrodisíacos, de efectos reales o imaginados, han sido éxitos de ventas desde siempre; sin embargo, también sus contrarios, los anafrodisíacos, han llamado poderosamente nuestra atención, tanto ‘médica’ como ‘mágica’. Y, aunque sea hoy en día una preocupación que se ha diferenciado de la erótica, la fertilidad (“y que Dios nos lo pague con muchos hijos”) sobre todo la femenina, también se ha visto persuadida, engatusada para a plegarse a nuestros deseos gracias a brebajes, comidas, aromas cuyo origen es muy a menudo vegetal (y cuya eficacia suele ser poca, o nula).

23. “Yo, pimienta y canela fina; tú, ajo y puerros”. Los vegetales como marcadores sociales.

Puede haber sociedades más o menos igualitarias, más o menos jerárquicas, pero en todas ellas sus miembros ocupan nichos distintos en sociedad. A menudo, los integrantes de cada uno de estos grupos quieren, o deben, hacerlo notar. ¿Cómo? Pues de incontables maneras, muchas de las cuales tienen que ver con los vegetales. Comida, tejidos, colores, medicinas, obras de arte, jardines, adornos… todo ello puede funcionar como marcador social (algodón y canela para ricos, cáñamo y puerros para campesinos). Cuando la idea de lujo, por el motivo que sea (¿rareza? ¿exotismo? ¿novedad?) se encarna bajo forma vegetal, los implicados pueden convertirse en objeto de deseos desmesurados no por lo que son, sino por lo que representan, el poder social que otorga ser visto con ellos en sociedad. Con gran frecuencia es el contexto, más que la planta en sí, la que tiene mucho que decir a la hora de convertirla en señal de distinción y de clase.

24. Cuando el dinero crece en los árboles. El afán de riquezas y el mundo vegetal.

El podio de las tentaciones no estaría completo si, además de fama y poder, no tuviésemos al deseo de riqueza, o codicia, haciéndoles compañía. Los senderos del Dorado han sido, y siguen siendo, verdes en muchos casos. La riqueza se ha encarnado en cereales, campos de cultivo, flores raras, incienso y especias… ha habido vegetales protagonistas de espectaculares (y no) burbujas económicas; otros, en cambio, se adoptaron como moneda de pago. Hoy en día las patentes sobre las invenciones biotecnológicas, campo en el que el mundo vegetal sale a relucir a menudo, mantiene la controversia de la riqueza en verde, en el ajo.

25. (Des)Conexiones en verde. Vegetales, sociabilidad y aislamiento.

Hay deseos que revelan su identidad sin tapujos, se declaran abiertamente (salud, dinero, amor… quien más, quién menos, ya sabe nombrarlos como deseos). Hay otros, sin embargo, de genealogía y definición más escurridizas, casi más cosa de filósofos o psicólogos que de gente común y corriente. Uno de éstos es el deseo de conexión con los demás (naturales, sobrenaturales), premisa que funda toda interacción social. Las sustancias que median, o destruyen, tales lazos sociales son mayormente vegetales: la copichuela de vino con los amigos, el café con los compañeros de trabajo, unas hojas de qat con los vecinos… Cola, betel, tabaco, opio, té, incluso coca o marihuana son sustancias cargadas de significados sociales o antisociales, que compartimos para establecer una conexión con los demás –o que abusamos, para disolverla.

V. El Vegetal Imaginado

26. La boscosa geografía del Significado. Una aproximación a los vegetales y lo sagrado.

Nuestra especie no se conforma con una lectura de la realidad que permanezca en superficie: nos gusta zambullirnos en las profundidades de las cosas, trascenderlas, buscarles un significado, que arroje luz sobre nuestras vidas y dé sentido a nuestro mundo. Los vegetales, cómo no, han jugado su papel en nuestra interpretación de una realidad trascendida, no sólo como parte del entorno cuyo significado queremos descubrir, sino también dándonos herramientas para pensar, imaginarnos cómo es el círculo de lo sagrado.

27. Un loto es un loto es mucho más que un loto. Orígenes, metáforas, símbolos y dioses.

Cuando la mirada religiosa se posa sobre los vegetales a su alrededor, ¿qué ve y cómo lo conceptualiza? Pues en un sinfín de modos distintos. Acoge a las plantas en sus mitos y cosmogonías, los imagina aguardándolo más allá de la muerte (o no). Los usa como inspiración metafórica para pensar mejor al círculo sagrado. Los imagina abstractos, pero a la vez necesita concretar su identidad (los árboles cósmicos, por ejemplo, no son solo “un árbol” sino un fresno, o una ceiba, etc.). Son atributos, incluso morada de dioses, o bien caer bajo protección divina (ellos mismos, o alguna actividad relacionada con ellos, como la agricultura o la medicina.

28. Orto(vegeto)praxias para dioses y espíritus. Religión y vegetales en acción.

Sin embargo, no todo se queda en contemplar al vegetal con ojos imbuidos de significado: debemos interactuar con ellos, y la mirada religiosa puede condicionar tales interacciones, tanto con los espíritus de los difuntos, como con fuerzas divinas. Pueden imponerse tabúes dietéticos (vegetarianismo, prohibición de tomar alcohol, etc.), o de vestimenta, o ritos para construir un templo… Pueden ser ofrendas agradables, o necesarias para establecer las relaciones correctas entre dioses y hombres, hombres y espíritus. Comida (vino, pan, arroz, fruta), flores, aromas… todos ellos pueden formar parte del sacrificio al círculo sagrado, o incluso simbolizarlo en ciertos casos, como el pan y el vino de la Eucaristía.

29. Cuando los dioses se revelan en-hojados. Plantas ‘encarnando’ lo sagrado.

La experiencia, como lámpara que alumbra sólo al que la lleva, es incomunicable; tocar la esfera divina con los dedos es cosa de místicos y visionarios, pero… ¿y si hubiese formas seguras de trascender las “puertas de la percepción”, capaces de regalarnos una experiencia de lo divino? ¿Y si algunas de estas puertas fuesen, precisamente, vegetales? Estas plantas de los dioses o enteógenos han sido empleadas en multitud de culturas para establecer contactos con el más allá, a menudo con finalidades muy prácticas (sanar enfermedades, resolver conflictos, etc.), y los ‘especialistas’ encargados de tal mediación suelen ser llamados chamanes. Ayahuasca, peyote, cannabis… y (aunque no sean vegetales) también las setas han sido usadas para tal fin. Los enteógenos y los chamanismos están de moda desde hace unos cuantos decenios (con el peligro asociado de que ‘distorsionen’ nuestra percepción de la historia pasada, ¡y terminemos viéndolos por todas partes!).

30. Decidnos, ¿quién sembró el concepto de lo sagrado? O, ¿tienen las ideas religiosas forma vegetal?

Las ideas religiosas, como las científicas o las tecnológicas, nacen en la mente de las personas en un momento dado, a menudo ayudadas por el contexto a nuestro alrededor. Las plantas forman parte de este contexto, y han ayudado a que pensemos el círculo sagrado de una u otra forma. Los enteógenos quizás hayan dado forma a nuestras ideas de la divinidad y del más allá, pero también las plantas a nuestro alrededor, y cómo nos relacionamos con ellas, han influido en nuestras metáforas e ideas religiosas. La semilla y la agricultura, por ejemplo, han sido piedra angular del pensamiento en las culturas agrícolas, y pueden habernos servido para establecer analogías entre la vida de las semillas y la de las personas (con su muerte enterradas en invierno, y su resurrección a la primavera siguiente), etc.

VI. El Vegetal Conocido

31. Encuentros en la tercera fase con hierbas desnudas. Mil maneras de conocer un vegetal.

¿Qué significa conocer una planta? Una de las modalidades que la humanidad ha desarrollado para conocer al mundo vegetal es la “ciencia”, aunque sea éste un término cuya definición actual es de cuño reciente: en el pasado, las investigaciones estaban a cargo de ‘naturalistas’, que hacían historia natural o filosofía natural. Sin embargo, los motivos para conocer ‘científicamente’ a los vegetales han sido variopintas (pragmáticas, religiosas, por prestigio, etc.), así como las formas de acercarse al mundo vegetal (más o menos aplicadas, yendo al campo o trayéndose el campo al estudio, etc.). Y hay otras maneras en las que los vegetales han impactado en nuestra ciencia, ya sea dándonos metáforas científicas (p. ej. el árbol filogenético), sujetos de estudio, o motivos para aplicarnos a elaborar calendarios, por mencionar unas cuantas.

32. Los viajes botánicos de los sentidos. Historias de amor entre la percepción (científica) y los vegetales.

La ciencia parte de la percepción de aquello que queremos estudiar ‘científicamente’—en nuestro caso, los vegetales. Tras una afirmación tan sencilla se esconden grandes controversias, tanto ontológicas (¿pueden nuestros sentidos llevarnos a la verdad?) como metodológicas. Pues, ¿cómo percibir vegetales lejanos, o durmientes, o tan escasos que son difíciles de encontrar? Por una parte, realizamos representaciones pictóricas de ellos (aunque tampoco nos fiamos siempre de que digan la verdad). Por otra parte, muchas veces no nos basta verlas en pintura: tenemos que salir al campo a verlas, tocarlas, olerlas para reconocerlas; otra posibilidad es reunirlas a todas en un jardín, para tenerlas juntas y ordenadas a dos pasos de casa. Pero un jardín acusa el paso de las estaciones, no puede viajar con el naturalista; en cambio, un herbario formado por plantas secas, sí. Y los sentidos de nuestro naturalista deberán a su vez ser entrenados para “aprender a percibir”, interpretar ‘correctamente’ lo que les dice la planta ante ellos.

33. Historias de dos vegetales. Nacimientos, bautizos, y demás enredos familiares ‘científicos’.

En paralelo con la percepción de nuestra realidad vegetal, se ponen en marcha dos actividades (¿casi?) paralelas: darles nombre, y clasificarlas en nuestro esquema de las cosas (elaboramos taxonomías). Ambas son universales, pero no todos los pueblos bautizamos o clasificamos la misma cantidad de plantas, ni con los mismos propósitos. En Occidente, a partir de las taxonomías locales, a menudo pragmáticas, de los antiguos empezamos a buscar sistemas universales capaces de acoger a todas las plantas del mundo y colocarlas en el sitio que les corresponde (según su grado de parecido, o parentesco), y un diccionario cuyas reglas permitiesen dar nombre e identificar unívocamente a cualquier vegetal—algo que se convierte en urgente desde que, a partir del Renacimiento, nos llueven plantas nuevas por todos lados.

34. Macrocosmos y microcosmos en la ensalada. Estudios sobre el vegetal social, y el vegetal aislado.

Otro modo de conocer científicamente a los vegetales rebusca en el interior de la planta: se pregunta cómo está hecha, cómo funciona, cómo es el mundo visto desde las hojas de una higuera. Para conseguirlo, alistamos instrumentos que profundizan nuestra percepción, como el microscopio, y creamos nuevos lugares, como el laboratorio, que ayudan a profesionalizar el estudio de los vegetales. Sin embargo, también nos ocupamos de analizar la ‘sociedad’ vegetal: no sólo queremos ligar los vegetales recién bautizados y clasificados al lugar donde los hemos encontrado, sino que los ligamos al funcionamiento del lugar, cómo se relacionan entre ellos el suelo y sus habitantes, los árboles vecinos, los insectos de larvas voraces que quieren merendarse a nuestra planta, el sol y la lluvia que bañan el bosque, etc.

35. Legados y futuros en clave fitológica. ¿Información científica para decidir mejor?

Conocer científicamente a los vegetales es una actividad cuyo resultado es neutro: una vez tenemos la información, somos nosotros los que decidimos qué hacer con ella. Los motivos que nos pueden llevar a investigar el mundo vegetal son muchos y variados, aunque no exista un único nombre que agrupe las disciplinas que tocan, de forma más o menos directa, el estudio de las plantas.

Epílogo. Hemos comido del fruto del árbol del conocimiento... y ahora, ¿qué?

Como resultado de nuestra interacción con el mundo vegetal, éste (o una parte del mismo) ha podido verse protegido y multiplicado, o perseguido y destruido. En última instancia, nuestras acciones serán guiadas por nuestro sistema de valores: tendremos que asignar, o reconocer, un valor a la realidad, a cada una de sus partes y a su conjunto. Aunque sin duda deberemos recurrir a la ciencia, y a las religiones, y al arte, sin olvidarnos de cuán bien nos sirven los vegetales, al final tendremos que ponernos de acuerdo sobre un marco ético 'ecológico', que regule nuestras relaciones con el entorno, y enmarque un proyecto planetario deseable, y factible tanto a nivel colectivo, como a nivel individual.

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Puedes seguir mis pesquisas sobre nuestra relación con los vegetales en el blog (Imaginando Vegetales).